Entrevista con Tania Pérez-Bustos
En ‘Alzando la Voz’ creemos que el ejercicio de los derechos humanos de las mujeres nace de la visibilidad y el reconocimiento del lugar que habitamos. Es por eso, que nos interesa destacar el trabajo de investigadoras feministas que con su labor realizan invaluables aportes al desarrollo del pensamiento feminista en Colombia, con trabajos que contribuyen eficazmente a la implementación de la herramienta metodológica de la perspectiva de género.
Nuestras entrevistadas, han cuestionado los métodos y teorías tradicionales de las ciencias sociales que históricamente han excluido a las mujeres. Para proponer en sus pesquisas nuevas epistemologías que permiten generar conocimiento desde la experiencia y la perspectiva de las mujeres, validando nuestras voces y vivencias como fuente de información necesaria para la transformación social.
Hoy en alzando la voz tenemos el privilegio de dialogar con la investigadora feminista, Tania Pérez-Bustos, ella es Antropóloga, Comunicadora Social y doctora en Educación, co-fundadora de Artesanal Tecnológica y profesora titular de la Escuela de Género de la Universidad Nacional.
En un mundo que valora lo digital por encima de lo manual, la doctora Pérez-Bustos nos invita a detenernos y mirar de nuevo nuestro entorno, y observar cómo prácticas históricamente «feminizadas», a menudo infravaloradas (como el bordado) son en realidad poderosas tecnologías de conocimiento y de cuidado.
Pregunta (Carol Andrea Durán): ¿Cómo surge su interés por los saberes textiles, y cuál es la relación de lo textil con lo que usted llama tecnología del cuidado?
Respuesta (Tania Pérez-Bustos): Mi interés comienza cuando inicia mi trabajo con maestras bordadoras, de Cartago,una ciudad ubicada en el Valle del Cauca colombiano. Allí existe una tradición de bordado que se conoce como calado, un tipo de bordado para el que se deshilan las telas y sobre ese trabajo se realizan unos diseños que tienen patrones de figuras geométricas. La simetría, color y forma particular del bordado sobre el deshilado da la impresión de que esos diseños fuesen parte de la misma tela.
En mi trabajo con diferentes grupos que hacen una diversidad de técnicas textiles, comienzo a percibir que ese hacer textil tiene una correspondencia con procesos por los que la persona que los hace está atravesando.
De esta forma, comienzo a explorar esa relación de cómo el hacer material hace también a la hacedora. En esa relación se encuentra lo que yo llamo una tecnología de conocimiento y de cuidado, porque los haceres textiles son capaces de producir el mundo, en tanto que las personas que hacen estas cosas producen, abrigo, producen vestido, generan belleza. Pero al mismo tiempo, ese ejercicio de producir lo bello de alguna forma también dignifica, también hace a esa mujer saberse creativa le permite pensar de otras maneras cosas que está pensando que no tienen que ver solamente con el conocimiento de la materia para saber transformarla, sino también ese ejercicio del hacer textil, permite a la hacedora un conocimiento de sí misma, son prácticas que generan temporalidades de habitar el mundo, que van un poco en contravía de los ritmos acelerados en los que estamos hoy día.
Pregunta CAD.-Profesora, actualmente da la impresión de que esos quehaceres textiles, han sido abandonados por muchas mujeres, porque como usted expresa en su libro, esos quehaceres textiles en siglos pasados, fueron usados como métodos de enseñanza de valores femeninos como la obediencia, la sumisión, la paciencia y la dedicación.
Respuesta T. Pérez-Bustos: Yo no estaría de acuerdo con esa afirmación de que estos oficios hayan sido abandonados. Porque en mi trabajo he podido observar que hoy existen muchas más personas haciendo cosas textiles que hace 10 años cuando comencé. Ahora podemos ver más bordadoras de oficio y artistas jóvenes.
Como señaló en el libro, las labores de aguja no solamente han contribuido a un tipo de configuración de la identidad femenina en el sentido de que circularon en contextos educativos y religiosos que estuvieron asociados a una idea particular de la domesticidad, digamos, como una construcción del saber hacer textil como algo que era de la casa y de quien estaba en la casa. Pero hay que destacar que esa idea es producto del capitalismo.
El hacer textil no siempre fue doméstico, no siempre fue femenino exclusivamente, sino que, en la consolidación del capitalismo como sistema productivo, ese control de los cuerpos de quienes producen lo textil se vuelve necesaria para garantizar formas de producción, de lo textil, que fuesen más eficientes.
El hilado, por ejemplo, fue una técnica que se hacía en otros momentos, más allá de la casa, pero que con la emergencia del capitalismo necesita domesticarse pues se lo ve asociado a la producción de la propiedad y del excedente. Así, ese proceso de domesticación de las mujeres, que ocurre en ese momento de nacimiento de la acumulación de recursos, en la Edad Media tardía e iniciando el capitalismo, está vinculado con la feminización del textil y la domesticación del textil. En esa época, quienes aprenden a hacer cosas textiles son mujeres, y con esas actividades no solamente se restringe su creatividad, sino que se cultiva la reproducción de unos ciertos esquemas y modelos de comportamiento femenino.
Pero esos mismos espacios, que pudieron ser muchas veces impositivos, también se convirtieron en espacios que permitieron la expresión, que permitieron el encuentro, el encuentro colectivo entre mujeres y la reflexión, aunque eso se suponía que no tenía que estarse produciendo ahí. Y eso hace parte, de algo que está dentro de la relación humana que hay con las fibras y con las tecnologías de estas labores, que exceden un sistema de producción que en un momento intenta, como he dicho, domesticarlas.
Entonces, si bien el cuerpo se disciplina en eso, aprende a hacer cosas textiles y al aprender a hacer cosas textiles también aprende formas de lo femenino particulares, ese cuerpo que se disciplina también se disciplina para salirse de ese molde o para poder cuestionarlo históricamente.
Pienso que las mujeres de la generación anterior a la mía, mujeres como mi madre, no continuaron transmisión de ese saber textil, por la idea de que al hacerlo estaban inculcando ideas a favor de la domesticidad femenina. Entonces la transmisión del saber textil fue interrumpida y abandonada por una generación de mujeres que asociaron estos oficios con la domesticidad y con un obstáculo para su desarrollo en el ámbito intelectual o profesional.
Hoy, a pesar de eso, las mujeres de la generación siguiente están retomando los oficios, bien sea recogiendo la tradición de abuelas que sabían que lo hacían, o bien hoy en compañía de otras. Entonces, hoy día hay una emergencia, un posicionamiento de estas labores, como formas de compañía, expresión propia, y artística y también hay una mayor producción literatura al respecto. Si bien no sé cuánto va a durar esta emergencia, ahora es una realidad. Comienza a haber mucho interés por mantener, por pensar y por darle vida a esos oficio
Pregunta C.A.D.-Desde su investigación y práctica, ¿cuál es el potencial transformador y la relevancia del hacer textil, especialmente en el contexto de la autogestión del bienestar y la elaboración de memorias difíciles, como las asociadas al conflicto o al duelo?-
Respuesta T. Pérez-Bustos: Lo primero que me parece importante destacar es que los oficios textiles son formas de trabajo en donde las mujeres, no sólo las mujeres claro, pero principalmente las mujeres en occidente, logran autogestionarse mecanismos de bienestar.
El hacer textil se realiza como una forma de procurar bienestar, de auto procurarse bienestar, por ejemplo para aquietar la mente. Yo conozco historias de mujeres que en contextos de duelo se han acercado al textil como un refugio para poder observar el dolor. Entonces el textil se ha reconocido como una tecnología que es capaz de testimoniar las cosas que son difíciles de ver, los conocimientos difíciles. Así, por ejemplo, yo puedo reconocer la ausencia de un ser querido en la ropa que deja cuando se muere. Un familiar fallece y nos enfrentamos a un closet lleno de su ropa, y no nos animamos a tirarlas porque son sus cosas, hay gente que se queda con esas prendas por años. Esos objetos testimonian al mismo tiempo que esa persona ya no está, pero de alguna manera le siguen dando presencia en el espacio que habita su familiar.
En otros casos digamos como de pérdidas más brutales, como pasa por ejemplo con las pérdidas asociadas a la guerra, al conflicto armado en Colombia, pude observar cómo algunos grupos de mujeres organizadas en compañía de instituciones de distinto tipo, comienzan a documentar sus vivencias de la guerra, sus desplazamientos, las desapariciones y muertes de sus familiares a través de lo textil. Ese trabajo les ha permitido permanecer con el dolor y sentirlo de una manera más dulce, digamos. Hay una pieza textil colombiana que a mí me conmueve mucho que fue hecha por las mujeres de artesanías Guayacán, en Bellavista Bojayá. Es un gran telón donde documentaron el nombre de las personas que fueron asesinadas en la masacre del 2 de mayo. La comunidad lo que hizo fue un ejercicio de memoria, en un telón donde abordaron los nombres de cada una de estas personas fallecidas, en ejercicio de reconocer que esta persona ya no está y quedarse bordando su nombre, una manera de poder estar realmente con ese dolor de la pérdida. Por eso los textiles son objetos que nos permiten testimoniar, los textiles son objetos testigos del conocimiento difícil, o sea nos permiten observar cosas que no queremos ver.
Entonces muchas de estas piezas de textiles de conflicto nos enfrentan a observar cosas que son horribles, y vemos en ella la belleza, nos parecen lindas, aunque es horrible lo que muestran, nos parecen lindas. Esa belleza que estamos viendo ahí está construida por la capacidad simbólica que tiene ese objeto de haber logrado que alguien pudiera estar unas horas haciendo memoria de eso que ocurrió. Los objetos textiles permiten observar el dolor y, en ese sentido, cuando los hacemos nos permiten observar el malestar en sí, y eso es una de las cosas que las terapias hacen o la terapia nos posibilita, observar el malestar y darnos cuenta de que algo nos pasó. Aquí esa búsqueda de bienestar, a través del hacer textil es autogestionada, en el sentido de que son mujeres concretas quienes encuentran allí una respuesta a una posibilidad de tramitar algo que les está ocurriendo..
«Pero esos mismos espacios, que pudieron ser muchas veces impositivos, también se convirtieron en espacios que permitieron la expresión […] (y) el encuentro colectivo entre mujeres»
Pregunta C.A.D.-Desde su investigación y práctica, ¿cuál es el potencial transformador y la relevancia del hacer textil, especialmente en el contexto de la autogestión del bienestar y la elaboración de memorias difíciles, como las asociadas al conflicto o al duelo?-
Respuesta T. Pérez-Bustos: Lo primero que me parece importante destacar es que los oficios textiles son formas de trabajo en donde las mujeres, no sólo las mujeres claro, pero principalmente las mujeres en occidente, logran autogestionarse mecanismos de bienestar.
El hacer textil se realiza como una forma de procurar bienestar, de auto procurarse bienestar, por ejemplo para aquietar la mente. Yo conozco historias de mujeres que en contextos de duelo se han acercado al textil como un refugio para poder observar el dolor. Entonces el textil se ha reconocido como una tecnología que es capaz de testimoniar las cosas que son difíciles de ver, los conocimientos difíciles. Así, por ejemplo, yo puedo reconocer la ausencia de un ser querido en la ropa que deja cuando se muere. Un familiar fallece y nos enfrentamos a un closet lleno de su ropa, y no nos animamos a tirarlas porque son sus cosas, hay gente que se queda con esas prendas por años. Esos objetos testimonian al mismo tiempo que esa persona ya no está, pero de alguna manera le siguen dando presencia en el espacio que habita su familiar.
En otros casos digamos como de pérdidas más brutales, como pasa por ejemplo con las pérdidas asociadas a la guerra, al conflicto armado en Colombia, pude observar cómo algunos grupos de mujeres organizadas en compañía de instituciones de distinto tipo, comienzan a documentar sus vivencias de la guerra, sus desplazamientos, las desapariciones y muertes de sus familiares a través de lo textil. Ese trabajo les ha permitido permanecer con el dolor y sentirlo de una manera más dulce, digamos. Hay una pieza textil colombiana que a mí me conmueve mucho que fue hecha por las mujeres de artesanías Guayacán, en Bellavista Bojayá. Es un gran telón donde documentaron el nombre de las personas que fueron asesinadas en la masacre del 2 de mayo. La comunidad lo que hizo fue un ejercicio de memoria, en un telón donde abordaron los nombres de cada una de estas personas fallecidas, en ejercicio de reconocer que esta persona ya no está y quedarse bordando su nombre, una manera de poder estar realmente con ese dolor de la pérdida. Por eso los textiles son objetos que nos permiten testimoniar, los textiles son objetos testigos del conocimiento difícil, o sea nos permiten observar cosas que no queremos ver.
Entonces muchas de estas piezas de textiles de conflicto nos enfrentan a observar cosas que son horribles, y vemos en ella la belleza, nos parecen lindas, aunque es horrible lo que muestran, nos parecen lindas. Esa belleza que estamos viendo ahí está construida por la capacidad simbólica que tiene ese objeto de haber logrado que alguien pudiera estar unas horas haciendo memoria de eso que ocurrió. Los objetos textiles permiten observar el dolor y, en ese sentido, cuando los hacemos nos permiten observar el malestar en sí, y eso es una de las cosas que las terapias hacen o la terapia nos posibilita, observar el malestar y darnos cuenta de que algo nos pasó. Aquí esa búsqueda de bienestar, a través del hacer textil es autogestionada, en el sentido de que son mujeres concretas quienes encuentran allí una respuesta a una posibilidad de tramitar algo que les está ocurriendo..
Pregunta C.A.D.- ¿El hacer textil tiene una cierta potencialidad terapéutica?
Respuesta T. Pérez-Bustos: Yo creo que esa es una potencia importante que tiene el hacer textil, me parece que en algunos casos esa potencia se trivializa. Lo cual es algo que ocurre con los textiles con mucha facilidad, y es que asumimos que el hacer textiles es igual a hacer un proceso terapéutico, y asumimos que la atención psicosocial es igual que agarrar una aguja enhebrarla, como si ese gesto ya fuese suficiente para observar un malestar.
Por eso creo que hay que ser cautelosas. Reconocer que el hacer textil tiene una cierta temporalidad en relación con la materia que posibilita esos estados de calma, de escucha. Al hacer textil se produce una forma de escuchar lo que está pasando y lo que nos está pasando adentro nuestro. De allí a que eso sea en sí terapéutico o sea siempre terapéutico depende de que pueda trabajarse en la consciencia de esa posibilidad. De lo contrario terminamos trivializando el hacer textil, pero también el trabajo de la terapia y sus complejidades.
Pregunta C.A.D.- ¿Retomando su explicación sobre la técnica del calado que utilizan bordadoras de Cartago, sera posible que el movimiento feminista en nuestro país, tenga la fuerza para lograr remendar, o dehilar para bordar encima, en la labor de reconstruir ese tejido social colombiano?
Respuesta (Tania Pérez-Bustos): Considero que el pensamiento feminista desde el hacer textil, nos brinda una herramientas para construir formas de escucha cuidadosas, que quizás pueda contribuir a reconocer las diferencias y polarizaciones tan violentas que atraviesa el mundo. Digo esto pues el hacer textil tiene la capacidad de juntar cosas, entonces en ese sentido quizás acercarnos a estos lenguajes materiales de forma sistemática pueda permitir construir espacios de encuentro en la diferencia, para entendernos en relación con el mundo.
A mi en particular los objetos textiles, me han ayudado a ver otras cosas, a entender la hospitalidad, a entender el cuidado, a entender el conocimiento, a entender mi práctica académica, a escuchar otras formas de pensamiento, más allá incluso del propio feminismo en su diversidad.
Pregunta C.A.D.- Profesora ¿cuales cree que pueden ser las principales contribuciones que hace el feminismo al pensamiento?
Respuesta T. Pérez-Bustos: En general en las ciencias humanas y sociales se ha privilegiado una comprensión del mundo que es muy discursiva, entendemos lo que pasa porque somos capaces de hablar de ello, o entendemos lo que pasa por lo que la gente dice que ha ocurrido. Allí, la palabra, lo que se dice, es muy central a nuestra forma de relacionarnos con el mundo. Esto nos ha llevado a pensar que la capacidad de tener acción en el mundo está fundamentalmente dada por quienes tienen acceso a la palabra.
Y eso no solamente es profundamente antropocéntrico, sino que también tiene una tradición androcéntrica. No siempre todas tuvimos derecho a palabra, solo algunos podían hablar en el espacio público, así había ciertas palabras y formas de decir y cosas dichas que eran más dignas que otras. Y eso que llamo palabras más dignas eran también formas de conocimiento. Así la escritura, un cierto tipo de escritura, y la palabra articulada, están ancladas a concepciones capacitistas del conocimiento, ellas implantan la idea de que una persona es persona si tiene la capacidad del habla y de la escritura, pero qué pasa con las personas que tienen diversidad cognitiva y entienden el mundo pero no hablan. Qué pasa con esas agencias.
En la historia de la humanidad, la naturaleza, las cosas y las mujeres fuimos apropiadas y explotables. Nosotras fuimos cosas. Fuimos propiedad, en algunos lugares seguimos siendo una propiedad. Y qué pasa si pensamos que las cosas tienen agencia, que pasa si pensamos que la agencia no es solamente humana. Si la agencia está concebida desde una tradición antropocéntrica, androcéntrica, occidental, colonial capacitista, ¿qué pasa con todo aquello que excede esas concepciones? ¿no tiene agencia?
Las mujeres hemos sido animalizadas, hemos sido objetivadas también, el problema no es el objeto ni la concepción de la mujer como naturaleza, si no es la concepción de objeto y de naturaleza que está en ese discurso, que supone que la naturaleza está allí para ser usada y que los objetos no hacen nada. Pero los objetos hacen cosas, usted deja un ovillo de lana abierto metido en un cajón, y va dos meses después va encontrar que ese ovillo muy seguramente está enredado. Hay cosas que uno guarda y que luego no encuentra, y luego de repente las ve de nuevo. Esto tiene explicaciones físicas porque el mundo se mueve, la materia está en movimiento, las partículas, los átomos no están quietos se están moviendo, todo eso que parece quieto, en otra dimensión más allá de nuestros sentidos, se está moviendo.
La agencia, dice Karen Barad, física feminista: No es anterior a las relaciones, la agencia es producida por la relación. Las cosas no existen antes de la agencia, la agencia es la producción de relación, en el encuentro de las partículas es que hay materia. Yo me relaciono con las cosas y algo pasa, es cuando nos relacionamos con el mundo que se produce la acción. Y esto responde la pregunta sobre una de las principales contribuciones que hace el feminismo al pensamiento. Y es que irrumpe en la concepción binaria de la vida. Una de esas concepciones binarias es justamente la idea de sujeto y objeto, una concepción que ha estado atravesada con el género. Si la rompemos esa dicotomía y entendemos que somos materia y hacemos parte del tejido de la vida, tanto como las fibras entonces pues no hay tal cosa como un sujeto y un objeto diferenciados.
Esta profunda conversación con la Dra. Tania Pérez-Bustos nos ha permitido revalorizar prácticas históricamente feminizadas, como el hacer textil, elevándolas a la categoría de tecnologías de conocimiento y cuidado. Hemos explorado el potencial de estos saberes para la autogestión del bienestar y su rol crucial en la elaboración de memorias difíciles. En última instancia, la Dra. Pérez-Bustos nos invita a abrazar un feminismo que junta cosas, un pensamiento que, lejos de confrontar, lo que hace es contribuir al bienestar, abriendo un camino esencial para la transformación social y la construcción de un tejido más inclusivo y respetuoso.
